Son los ojos de un niño despierto
La mirada de un hombre distante
Pálido amante, por uno de tus guiños
Podría morir en este mismo instante.
Y también me dan el mundo en un signo
Genio de artificio, me llevas con tus alas
Hasta las más altas catedrales de las almas
Y nos unimos en silencio, uno solo con tu deseo.
Escudriñas, quisquilloso, toda la luna con un gesto
Mientras que mis ganas mueren por darte un beso,
Tú lo notas, malandrín turgente y avieso
Y lo mudas en pregunta, en risa, en broma, en silencio.
Tus ojos son de cruel cervato que corre en el bosque
Que se vuelven el espejo del mar y del derroche
Nunca miran hacia atrás más que para lastimarse
De nueva cuenta, aquella vieja herida que lleva en el ijar.
Te ruego que me ofrezcas una última mirada
De tu indescriptible dulzura mezclada con tu andar
De esos tus ojos claros que me saben que al hablar
Muestro anhelo, miedo, carne y un gran anhelo de contigo estar.
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